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MORADO, AZUL Y MAGENTA 2026
 

El Centro de Arte Tomás y Valiente CEART - Fuenlabrada presenta la exposición Morado, azul y magenta de la artista Adriana Berges comisariado por Teresa Arroyo de La Cruz. La muestra reúne más de una decena de pinturas enmarcadas dentro del proyecto `Mera Figuración´ presentado en la Galería de Arte A Ciegas de Madrid en 2023 y que ha sido expuesto en ciudades como Miami (Estados Unidos), Oslo (Noruega) y Sevilla (España). Se trata de un estudio del color y la forma, como elementos imprescindibles en el oficio de la pintura y en las imágenes digitales, que tratan de llamar nuestra atención en tiempos inundados por la tecnología. La artista, desde el lenguaje de la pintura, juega entre la figuración y la abstracción ofreciendo total libertad al espectador para imaginar el paisaje que está contemplando.

 

TEXTO CURATORIAL ESCRITO POR TERESA ARROYO DE LA CRUZ

Teresa Arroyo de la Cruz (Plasencia), comisaria independiente e historiadora del arte.

MORADO, AZUL Y MAGENTA - Una exposición de Adriana Berges en el Centro de Arte Tomás y Valiente CEART.

 

Morado, azul, magenta: en la retina digital son apenas códigos RGB, combinaciones matemáticas que iluminan la pantalla. Sin embargo, en la tradición artística —de Goethe a Albers, y en las investigaciones neurocientíficas de Margaret Livingstone— se revelan como vibraciones complejas, cargadas de misterio, calma, contradicción y mutabilidad. En este cruce entre historia del arte y saber científico se sitúa Adriana Berges (Madrid, 1992), cuya formación y crecimiento en los años dos mil estuvieron marcados por imágenes digitales primigenias —fondos de pantalla, visualizaciones y texturas pixeladas — que abrieron un nuevo horizonte cromático. Frente a la pantalla y la repetición constante de imágenes, captura la fugacidad del color digital y la transforma en densidad pictórica.


Partiendo de un archivo infinito de improntas digitales —recolectadas y recicladas durante su formación en Madrid y Oslo—, cada fragmento liberado de su carácter repetitivo recupera el aura que Walter Benjamin señalaba como perdida en la reproducción mecánica. El color se convierte en presencia pura: la intensidad vibrante de Yves Klein, la profundidad emocional de Rothko y la sensualidad natural de O’Keeffe dialogan con su pintura al ojo del espectador entrenado —mientras que, al modo de Gerhard Richter en el paisaje, Berges manipula color y forma para que se perciban simultáneamente lo concreto y lo atmosférico, la presencia física y la vibración sensorial de la imagen—. Cada lienzo se densifica, recobra su singularidad y convierte la repetición en experiencia contemplativa y sensorial en pleno siglo XXI.


En esta muestra —compendio de obras de sus últimos proyectos— habita dualismos que definen nuestra mirada contemporánea: fugacidad y permanencia, digital y material, emoción y contemplación. Cada imagen transformada se convierte en un catalizador de experiencias: el color puede apelar a la calma, despertar la alegría o alterar la percepción del espectador. La pintura se vuelve un espacio vivo, donde la presencia del lienzo y la mirada de quien lo contempla se entrelazan en un diálogo silencioso, activando también la memoria histórica que cada matiz lleva consigo. Berges observa cómo su obra impacta y transforma a quien la mira, y disfruta de esas resonancias compartidas, incorporándolas a su propio recorrido vital, como si cada mirada completara el sentido de su pintura.

 

MORADO, AZUL, MAGENTA se erige como un escenario de percepción, donde lo digital y lo material, lo efímero y lo permanente, dialogan en intensidad y color. Cada pintura recupera su aura y se ofrece al espectador como un instante vivo, donde la luz sobre el lienzo, el movimiento de quien observa y la vibración de los colores se mezclan en una experiencia sensorial compartida. La exposición se despliega como un recorrido íntimo y dinámico por estos universos cromáticos, donde la fugacidad de lo virtual se densifica en la pintura y se transforma en presencia tangible, resonancia emocional y contemplación profunda.Así, la muestra concluye como un gesto poético y pictórico que transforma la repetición digital —un recordatorio de que cada lienzo puede hacer visible lo intangible y dar forma a la experiencia, invitando al público a habitar el color y disfrutar el tiempo con todos sus sentidos—.


Teresa Arroyo de la Cruz
 

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